Los terremotos siempre generan réplicas, capaces de alargarse en el tiempo y reproducirse en mayor o menor tamaño pero siempre haciéndose notar hasta que las ondas que las producían se vuelven inapreciables. Algo similar está pasando en Manchester, desde que Sir Alex Ferguson dejase la entidad tras los 25 años más exitosos de la historia del club nadie ha sabido recuperar la identidad que había implantando el técnico escocés. Ni David Moyes, ni Van Gaal y ni siquiera Jose Mourinho gastando la friolera de 464 millones de libras en fichajes como Paul Pogba, Lukaku, Mkhitaryan…

La etapa de Mourinho pintaba muy bien, el primer año los «diablos rojos» levantaron una Community Shield, una UEFA Europa League (que también sirvió para entrar en Liga de Campeones) y una Copa de la Liga. En el segundo las cosas empezaron a ir mal, eliminado por el Sevilla en octavos de UCL y sin opciones en Premier desde marzo, «The Special One» logró únicamente un segundo puesto en la competición nacional y llegar a la final de FA Cup.

Fue la tercera temporada, y no es novedad, en la que todo se vino abajo y empezaron a aparecer los rumores sobre las malas relaciones que había en el vestuario. Después de 17 partidos, los directivos del Manchester United decidieron prescindir de los servicios de Mourinho y comenzaron  a buscar su sustituto. Laurent Blanc, Mauricio Pochettino y Conte fueron algunos de los nombres que sonaron para reemplazar al portugués pero finalmente el elegido fue un conocido de la casa red, Ole Gunnar Solskjaer. Que estará hasta final de temporada.

El ambiente ha mejorado de forma notable.

Con 6 partidos jugados y todos ellos ganados, nos preguntamos que ha cambiado con la llegada del noruego al banquillo de Old Trafford. La cuestión no es especialmente complicada de resolver, Solskjaer sólo ha introducido unos pocos retoques tácticos y ha implantando un clima de tranquilidad que, por otra parte, era muy necesario. En el aspecto táctico y a diferencia del 4-3-3 rígido de Mourinho (muy defensivo y basado en las actuaciones individuales), el noruego aprovechó el momento de baja forma de Lukaku para colocar a Rashford en la punta del 4-2-3-1 actual, con el  que ya suma 4 partidos seguidos marcando y que está haciendo ver de nuevo al chico que deslumbró con Van Gaal. En este esquema destacan varios aspectos como la movilidad de los extremos (Mata, Martial y Lingard) que ahora juegan con total libertad de movimientos en ataque y sobre todo la confianza que le ha dado a los centrales. El Lindelof que vemos ahora no es aquel que llegó a Manchester hace dos años, ahora es un central mucho más confiado en su capacidad y fortalecido física y mentalmente, duro al corte, seguro con balón y que ha dejado atrás aquellas desconexiones durante los partidos.

Si el Manchester United funciona es porque Paul está a los mandos. Dirige el juego y marca los ritmos del partido, aporta registros de todos los tipos y también ese punto de liderazgo que el club echaba en falta desde la marcha de Wayne Rooney. Por ello el punto más importante que ha trabajado con éxito Solskjaer, ha sido devolverle la confianza a Pogba. Esa confianza que había perdido tras una serie de encontronazos con Mourinho, que escondieron la imagen que mostró durante el mundial. Un «box to box» en toda regla, capaz de defender como pivote y atacar como mediapunta. En este rol le hemos visto destacar últimamente y eso es justo lo que ha sabido mejorar Solskjaer, aportando goles y asistencias al juego del francés. En los 6 partidos que lleva el noruego al mando, Pogba ha conseguido 5 goles y 4 asistencias.

Todo esto sumado a dos jugadores tan seguros en la medular como son Matic y Ander Herrera y a David de Gea en portería da un equipo para competir por todo en Europa y que aún tiene mucho que decir esta temporada. Veremos si al final no resulta otro fracaso pero todo apunta a que Solskjaer ha llegado para quedarse.

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